El Rojo y su primer ascenso a la elite

El plantel que logró el ascenso a la Liga. Arriba: Esteban De la Fuente, Andrés de la Fuente, Williams, Tosi, Tarifeño y Oroño. Abajo: Frangela, Martín, Aráoz, Sinigoj, Marrón y Barrales. (Archivo revista Encestando)

Por Nicolás Tamborindegui

Independiente de Neuquén fue parte importante de los primeros años de la Liga Nacional, una competencia que llegó para cambiar el futuro del básquet argentino de la mano del recordado entrenador León Najnudel. En sus comienzos, el torneo, en sus distintos niveles, contaba con una marcada presencia de clubes del interior de la provincia.

Antes de la competencia organizada, se disputó el Campeonato Argentino de Clubes. En la zona, por ejemplo, los equipos locales tenían la posibilidad de traer jugadores extranjeros, por lo que el nivel era muy bueno, ya que la mayoría de esos foráneos eran de gran calidad para la época y para el contexto (Jim Ratiff por ejemplo en Independiente en el 84).

La primera liga se disputó en el año 1985. La jornada inaugural se desarrolló el día 26 de abril de ese año, con Pacifico de Bahía Blanca versus Atenas de Córdoba como el primer partido oficial, aunque la imagen que guardan todos los libros es la del propio Najnudel realizando el salto inicial simbólico en San Lorenzo de Almagro-Argentino de Firmat en cancha de Obras Sanitarias (de perfil a la cámara aparece Steven Stanford, un pivot blanco enorme y de bigote).

En diciembre de 1984, Independiente gana el regional y logra el pase para disputar la segunda categoría del básquet nacional. Supera al conjunto de Universidad de Belgrano, conducido técnicamente por Eduardo Armer, un hombre que sería clave en toda esta historia que estaba comenzando.

Armer, el DT de este equipo en el 88. (Archivo Encestando)

La primera temporada en la B fue buena. Independiente terminó en el puesto 15° (de 36 equipos). Pero los cambios llegarían para la segunda (1986). El técnico Roberto Benvenuto perdió los primeros seis partidos y le dejó su lugar a Armer, aquel que había sido el entrenador de la UB en el duelo por el derecho a disputar la B. Armer también perdió los siguientes seis perdidos, pero el equipo levantó con la llegada de un nuevo extranjero: Melvin Jackson Johnson, que venía de jugar en Cinco Saltos.

“Yo no lo quería, me lo pusieron los dirigentes, que me decían que lo tenía que ver en la cancha, que era un flaquito que jugaba fenómeno. Yo no quería saber nada, pero ¡menos mal que lo trajeron!”, rememoró Armer. El equipo, que no podía salir del fondo, finalmente terminaría en el puesto 23° de 36. Melvin marcaría una época con la camiseta roja primero y en el básquet argentino después, más adelante y ya en la Liga Nacional.

El año siguiente fue el mejor hasta ese momento en la Liga B. Independiente, dirigido nuevamente por Armer, terminó en el puesto 11° sobre 34 en la 1987. A esa altura, el Rojo ya era un gran animador de la competencia. Para la temporada siguiente, la de 1988, apostó a ser protagonista y tuvo su premio grande con el ascenso a la máxima categoría.

Los dirigentes renovaron la confianza con el técnico para que siguiera al frente del equipo. La base era de primer nivel, con Daniel Barrales, Esteban De la Fuente, Luis Oroño, Claudio Tosi y el americano Terry Williams en el cinco inicial, y el aporte de los relevos Fernando Frangella, Daniel Araoz y Andrés De la Fuente, el hermano mayor de Esteban. Fabio Martin, Marcelo Saggio y Alfredo Tarifeño eran los juveniles que más jugaban.

La plantilla era poderosa y según lo analizaba la revista bahiense Encestando, “en ningún momento se dudó de su ascenso, aun en la fase previa al hexagonal. Contó con sólidos argumentos: un plantel que, aunque reducido, tenía experiencia en Primera A, y un extranjero muy efectivo y práctico a pesar de cierta lentitud en sus movimientos”.

Independiente fue subcampeón esa temporada detrás de Boca y ascendió a la Liga Nacional (Olímpico de la Banda, que fue tercero, terminó siendo el otro equipo ascendido). Tuvo un récord de 7-3 en el hexagonal final, con Williams como goleador (27,6 de promedio), seguido por De la Fuente (21) y Oroño (14,7).

La parte final del hexagonal fue muy reñida, con varios equipos con chances. Por la octava fecha, Independiente venció 93-87 en La Caldera a Olímpico de La Banda. Tosi, con 23; De la Fuente, con 22 y Williams, con 18, fueron los goleadores del Rojo. En la visita, equipo dirigido con Juan Carlos Alonso, se destacaron el foráneo Rick Suttle (20) y José Small (16).

El ascenso se logró en la novena y penúltima fecha, con el triunfo 95-81 en Resistencia, Chaco, ante el local Cosecha. Esa noche, De la Fuente metió 32 puntos y Claudio Tosi 30. 35 había metido Marcus Adams, el extranjero del equipo local cuyo entrenador era Ernesto Roig. El partido fue siempre favorable al conjunto neuquino, que se había impuesto ya al cabo de los primeros 20 minutos por 51-45. Tras la chicharra, abrazos y festejos entre los jugadores, cuerpo técnico y dirigentes. Con el ascenso, se había logrado el tan ansiado objetivo.

Luis Oroño había bajado de la A a la B para ser parte del proyecto neuquino 88 (Encestando)

Lo que sucedió después del partido con Cosecha en Resistencia fue una verdadera locura. Cientos de neuquinos fueron hasta el aeropuerto a esperar el vuelo que traía el plantel. Luego, una caravana repleta de autos, camionetas y motos salió del aeropuerto a los bocinazos encolumnada detrás del vehículo que llevaba a los jugadores y al cuerpo técnico y recorrió por la ruta 22 los 9 kilómetros que separan la terminal aérea de las instalaciones del club.

Todo era algarabía. La gente comenzó a ingresar a La Caldera, donde estaba preparada la celebración para festejar el ascenso. Se había montado un escenario en el aro que da hacia el este (hacia la pileta del club) y allí esperaba, micrófono en mano, Hugo Díaz, conductor radial y televisivo de la ciudad, quien arengaba a la gente y presentaba a los jugadores uno por uno. Junto a mi viejo (yo con 7 años), desde la popular más grande de cemento, que daba a la cancha de futbol, presenciamos ese momento, que acentuaba y potenciaba lo que había explotado unos meses antes: el furor por el básquet en la ciudad, entre fines de los 80 y principios de los 90.

Ya en la última fecha, el Rojo superó en La Caldera a Instituto 111-94, con 41 puntos de Williams, 28 de De la Fuente y 18 de Luis, En los cordobeses, 38 unidades había logrado Albert Owens. Eran épocas de partidos con goleos altos y extranjeros sumamente anotadores que marcaban la diferencia. Ese partido fue una fiesta total, a tal punto que hasta vieron minutos los juveniles Tarifeño (2 puntos), Fabio Martín (4 puntos) y Saggio. Hubo celebración de principio a fin y el marco de público fue espectacular. El equipo entró a la cancha rompiendo un cartel a modo de festejo del ascenso.

El hexagonal lo ganó Boca con 18 puntos, Independiente fue segundo con 17 y tercero Olímpico con 16. Los tres ascendieron a la A. Más atrás quedaron Unión de Santa Fe (14), Cosecha (13) e Instituto (12). El Rojo fue muy sólido durante todo el reducido. El plantel era notable: Oroño fue el encargado de aportar la experiencia, que suele ser siempre clave en las competencias de ascenso, el Chino Barrales y  Tosi se mostraron sólidos en sus posiciones, De la Fuente fue la gran figura del plantel junto al americano Williams y el resto cumplieron con creces sus roles: Aráoz, Andrés De la Fuente y Frangella, más los juveniles de la casa. El Xeneise y el Rojo fueron muy superiores al resto, según lo destaca la prensa por entonces.

“El año 88 no fue un año más en mi carrera profesional”, recuerda el DT de aquel equipo, Eduardo Darío Armer. “Fue un logro que se construyó a partir de la confianza que me prodigó la dirigencia. Me dieron la oportunidad de formar un plantel con posibilidad de generar en Neuquén, una expectativa que garantizara espectáculo con un juego atractivo, más la ilusión de la posibilidad del ascenso a la Liga Nacional”, agregó.

Para Armer, la gente y los dirigentes fueron fundamentales en el logro: “El público fue actor en esos años, porque dieron el marco espectacular y necesario en todos los juegos. Los jugadores y cuerpo técnico sumamos un logro importante y valioso para nuestra vida profesional. Pero el rédito mayor de ese ascenso se lo atribuyo al grupo de dirigentes y sus familias, que asumió en todo momento la responsabilidad de generar las condiciones ideales, para que en definitiva el sueño se hiciera realidad”.

“En mis años de mi relación con el club Independiente, sólo queda recuerdos imborrables, y un total agradecimiento por haber tenido la oportunidad de ser parte de su historia”, finalizó. Tras el ascenso, Armer dirigiría al equipo las siguientes tres temporadas en la A.

Armer con el uruguayo nacionalizado Frangella.(Encestando)

De la Fuente también recordó aquel momento tan especial: “Obviamente tengo el mayor de los recuerdos, fue un paso importante no solo en mi carrera, también fue el último club en el que jugué con mi hermano Andrés. En lo deportivo fue mi segundo ascenso, había logrado el primero con Estudiantes de Concordia y recuerdo de ese equipo lo que fue el armado, un equipo con aspiraciones a conseguir un ascenso”. Y recordó las palabras del técnico en ese momento: “Eduardo Armer me dijo que me quería en el equipo para poder explotar las cualidades que había visto en casi cuatro años que llevaba de jugador profesional”.

“Fue fundamental la incorporación de jugadores reconocidos en la Liga Nacional como el Chino Barrales, el Ñato Oroño y Claudio Tosi que venían de jugar Liga Nacional y bajaron de categoría buscando un proyecto deportivo ambicioso”, explicó.

“Del año en sí guardo los mejores recuerdos, tanto con el Dani Araoz, como con el Nano Frangella, Fabio Martin, Tarifeño, Saggio que eran los chicos del club, y en lo deportivo creo que nunca se dudó de la capacidad del equipo. Imponíamos mucho respeto”, contó Esteban sobre el resto de sus compañeros.

También recordó al americano, Williams: “Tuvimos la suerte de contar con un extranjero que, si bien era su primera salida fuera de los Estados Unidos, era un jugador que venía con un dossier en la espalda importante, había jugado en una buena universidad y fue el extranjero desde que llegó hasta que terminó, eso también habla a las claras de como encajó dentro del equipo. Fuimos sumando horas de entrenamiento y Eduardo fue plasmando lo que quería de nosotros”.

Un joven Esteban De la Fuente, gran figura. (Encestando)

Sobre aquella vieja Primera B, De la Fuente rememoró: “Era en aquel entonces una categoría muy dura a la hora de jugar con muy buenos equipos, buenos jugadores y localías muy fuertes. Nuestro equipo tenía mucha personalidad a la hora de jugar de visitante además de lo que hacía de local. Creo que fue una de las últimas ligas que se jugó un hexagonal final por el ascenso, con lo que a lo duro del torneo se le sumaba esa última parte donde enfrentabas a cinco equipos que eran primeros y segundos en sus zonas”.

“Nos tocó afrontar eso de la mejor manera, con los objetivos bien claros que era lo que habíamos hablado, la obtención del título que nos fue esquivo pero buscando y logrando el ascenso, así que lo recuerdo de la mejor manera, a ese torneo, a Independiente y a la ciudad de Neuquén. A mí me han tratado excelentemente, tengo infinidad de amigos y muy gratos recuerdos de esa época. Estoy muy contento de haber podido ser parte de ese equipo y de ese objetivo tan ambicioso que era jugar la Liga Nacional”, finalizó quien es considerado uno de los mejores jugadores de la competición de todos los tiempos.

El juvenil que mayor cantidad de minutos tenía en ese plantel era Fabio Martín, uno de los símbolos históricos del Rojo. La memoria no le falló y recordó aquel ascenso: “Me acuerdo del equipo, estaban Esteban, el hermano, Oroño, Barrales, Tosi, Frangella, Daniel Aráoz. Esa era la base más el americano que era Terry Williams, un fenómeno: medía como 2,08, era gordo pero se posteaba de una manera que directamente se la tenías que pasar al cuerpo, porque no lo veías al defensor de atrás. Era muy grande, y se la rebuscaba muy bien abajo, metía puntos y con muy buenos porcentajes. Me acuerdo de que siempre decíamos que fue un error no volverlo a traer después. Era un fenómeno”.

Sobre el propio Williams, Fabio recuerda una anécdota muy divertida: “Comía en “El Tío” (el restaurante), Armer lo quería hacer bajar de peso, quería que haga una dieta y le daban lechuga. El tema es que un día fueron al departamento donde vivía y le encontraron montones de cajas de pizza apiladas. Después de El Tío y la lechuga, se pedía una pizza. Era un divino, muy pendejo y muy piola. Era una risa ver al Chino Barrales intentando enseñarle a hablar en castellano”.

“Era un equipazo”, recordó Fabio. “Pusieron mucha guita, para mí en ese momento era el plantel mejor pago de la B, habían hecho un esfuerzo grande. Oroño y Barrales eran de la A, De la Fuente ya estaba para jugar liga, trajeron a Tosi que era de lo mejor de la categoría. Salimos segundos porque Boca tenía un equipazo también y un americano impresionante, Williams (Michael, goleador del torneo) era el apellido”.

“Otra cosa que me acuerdo -sigue Fabio con su relato- es que los partidos eran a las 21:30 y nosotros teníamos que estar a las 20. Salíamos del vestuario 20:10, 20:15 a tirar y ya la cancha estaba llena, no entraba nadie más. Salías del vestuario y te aplaudían, una cosa tremenda, que ahora es impensado que pase”.

Independiente frente a Boca en la Caldera, segundo y primero de ese hexagonal. El que ataca es el Chino Barrales y el que defiende con la camiseta de Boca otro conocido de la zona: Lucho Heredia.

Los partidos del Rojo en esos años se vivían con una gran emoción escuchando el relato de Elio Carlos Fragoza. De hecho, por él era común ver a la gente en la cancha con los auriculares puestos. Relataba desde las viejas cabinas en lo alto de la tribuna de madera (que ya no está) que daba al frontón de tenis. Elio, uno de los mejores relatores deportivos del país, recuerda también aquel suceso: “Me acuerdo que el ascenso fue en el Chaco. Seguramente esa fue la época de mayor contagio emotivo con el básquetbol en la provincia de Neuquén, generada a través de Independiente y a través de nombres como Jorge Díaz, Ricardo Arias, Carlitos Herrera o Changui Brizuela, caras visibles de ese proyecto”.

“El despegue de Independiente a nivel patagónico fue extraordinario. Fue el primero. Había otros equipos que luchaban, pero el Rojo logró lo que no había logrado nadie en la Patagonia. Cuando llegaba el día del partido, a las 7 de la tarde se cerraba La Caldera a pesar de que el partido comenzaba a las 21 porque no entraba más nadie”, explicó el relator. “Llegaban figuras y se hablaba de básquetbol permanentemente en la ciudad como no se hablaba de otra cosa”.

“Del ascenso me acuerdo particularmente de la vuelta a Neuquén, que hoy sería casi imposible, porque tecnológicamente tenemos otros elementos, pero en ese momento, desde el avión mismo, cuando ya veíamos la pista, comencé a transmitir mediante un sistema a la torre de control, con Nené Molina, por entonces técnico de LU5 que hizo un enlace a la radio. Así, transmitimos directamente desde el avión sobrevolando el alto valle y tocando pista en el aeropuerto con el equipo que había ascendido. Era una locura la gente que había en el aeropuerto, en Valentina, donde uno toma la ruta 22, en todos lados: mujeres, chicos que iban saludando al plantel y todo desembocó en La Caldera en un gran encuentro”. Recordó con precisión.

Fragoza contó que “se veía que los dirigentes se mataban por conseguir todo lo que pedía Armer, llegaron enormes figuras no solo en el ascenso si no en los años siguientes en la A”, y agregó que “para mí fue el despegue definitivo en el relato, por lo que significa seguir un equipo que además asciende. Me consolidaba como relator de basquetbol siguiendo a Independiente. Fueron momentos extraordinarios, son años que seguramente no se volverán a repetir, pero no lo tomo como una nostalgia sino con un enorme placer de haber estado en el momento justo”.

El Boca campeón de la B en el 88. (Gentileza Lucho Heredia)

Los protagonistas coinciden en que si el Rojo no fue campeón, fue porque Boca tenía también un gran equipo. Allí jugaba Luis Heredia, quien años después fue jugador, técnico y hasta gerenciador de Independiente. Como entrenador del club, por ejemplo, ganó una Liga C y fue finalista de una Liga B (tercer escalón). Lucho, hoy radicado en Allen, recordó que “teníamos un equipo muy bien balanceado. Había gente joven como el caso mío, que tenía 23 años, Fabián Sachi, Diego Simone, Horacio Beigier y otros consagrados como Pellegrino, Ricardo Rattone o el Gato Norberto Meire. El americano que teníamos era muy bueno, se llamaba Mike Williams”.

“Los partidos con Independiente fueron muy duros los dos, tanto de local como visitante. El Rojo tenía también un gran equipo y ambos teníamos grandes entrenadores, como Eduardo Armer y Horacio Seguí del lado nuestro. La verdad es que éramos dos equipos barbaros, equilibrados y salieron partidos duros, muy duros”, rememoró Lucho.

Ese ascenso del 88 fue uno de los logros deportivos más importantes de la ciudad y de la provincia, en una época en la que esta parte del mundo no era tan conocida como ahora a fuerza de petróleo, Vaca Muerta y progreso. Esa caravana multitudinaria desde el aeropuerto hasta La Caldera es aun hoy recordada por los memoriosos a pesar del paso del tiempo. Ese equipo de Armer, De la Fuente, Oroño y compañía y el logro de haber llegado a la elite del básquet argentino forman parte de una de las páginas más gloriosas del deporte neuquino.

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